Gracias a mis años en el mundo de la moda y la publicación, he tenido muchísimas ocasiones de sentarme en restaurantes con todo tipo de personajes famosos. No recuerdo a ninguno que fuera recibido tan cálidamente como Florence Pugh en The Benjamin Hollywood un viernes de abril. Dicho de otro modo, nunca en mi vida he recibido un servicio mejor, ni más efusivamente amable, en toda la ciudad de Los Ángeles. La actriz de 29 años entró con paso decidido en el restaurante, rodeado de robles y sin ventanas, bajo un rayo de sol poniente, con un conjunto de dos piezas de seda azul marino, a contraluz como la heroína de cine de acción que es actualmente (retoma su papel en el universo Marvel como Yelena Belova para ‘Thunderbolts*’ (hablaremos de eso en un minuto), y saludó a todos con una enorme sonrisa seguida de un pedido encantador y decidido: un martini Grey Goose, seco como un hueso, con un twist. «He estado pensando en eso todo el día», sonríe. ¿Brillaba? He leído sobre estrellas de cine que brillan antes. Esta pudo haber sido mi primera experiencia.









