Hay un momento en su conversación, espontánea y fluida, en el que Florence Pugh (Oxford, 1996), sin darse cuenta, expone toda una filosofía de vida: «Ahora mismo, el éxito es cuidar de mí misma. Significa tener tiempo para respirar». Lo dice con la serenidad de quien ha aprendido que, en una industria obsesionada con la velocidad, parar también puede ser un acto de valentía. No es casualidad que Max Mara la haya elegido para poner rostro –y, de algún modo, también voz– a su primer lanzamiento olfativo: Max Mara Le Parfum. Una fragancia con notas de vainilla, tuberosa y madera de sándalo que te abraza con delicadeza. El match es perfecto, porque existe algo profundamente coherente entre la actriz británica y una casa que este año celebra su 75 aniversario y que ha construido su identidad alrededor de una elegancia que nunca necesita elevar el tono para hacerse notar. Justo igual que Pugh.









